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REHÉN COR

“A cada cerdo le llega su San Martín”, dice ese poderoso refrán que siempre decimos a modo de venganza, sirviéndola en plato frío con lo cual ese cerdo viene en forma de jamón york del Mercadona. Lamentablemente no queda tan espectacular decir “A cada envase de tiras finas de jamón york le llega su San Martin”, pero es lo que realmente decimos. Aparte, sé que la iglesia y la religión ahora no son muy populares, pero ¿hasta que punto es horrible que llegue San Martin a verte? Aparece un santo de un salto, exacto, y te mira y te dice: “Busco a mi querido envase de tiras finas de jamón york, que le voy a dar para el pelo” y en ese momento salen unos rayos rojizos de los ojos de San Martin y se convierte en Cíclope de X-Men y en este momento debe estar explotando vuestra cabeza.

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El rencor es algo que está ahí presente, el desearle algo malo a alguien, el odiar sin límites, el buscar la venganza, nos transmite una tranquilidad inusitada que nos hace ver que, joder, como se lo merecía, ya era hora que le fuese mal, porque joder a mi me va como el culo pero si alguien está peor parece que soy más feliz o que estoy en situación más favorable, cuando me estoy alegrando de algo malo que le pasó a alguien, con lo que mi miseria es mayor…¡Oh mierda! ¡Voy al frigorífico a por pavo extra finas lonchas, joder!

Sí, desgraciadamente cualquier agente externo al que le demos el poder de hacer con nuestro estado de ánimo lo que sea, nos va a controlar y suele pasar más a menudo de lo que parece. Viajando por diferentes estados pasé por Arizona y Ohio y llegué al estado del ánimo que está fronterizo con el haber estado y con el habría estado o con el estaré. Esas cosas que le deseamos a la gente es porque nos han hecho, nos habría hecho, o nos hará ¡qué manía persecutoria tenemos con los tiempos verbales! ¡Vivamos el presente!

Siempre sucede que nos emperramos en odiar a alguien porque así somos más felices, nos gusta alejarnos y sufrir… Poniendo un ejemplo que puede resultar escandalosamente sencillo, es como si odiamos las verduras y por no comerlas nos vamos a un mitin de Mariano Rajoy en el que dan golosinas. Nos pondremos hasta el culo de golosinas y seremos momentáneamente felices pero tarde o temprano nos vendrá el dolor de estómago y vomitaremos o incluso haremos de nuestro esfinter una manga pastelera.

Por ello el rencor, ese maldito rencor y odio, no sirve para nada, solo para aprender de él y conocer las miserias que tenemos en nuestro interior. No me guardeis rencor por abriros los ojos, y si lo guardais que sea en el cajón de los calcetines donde se pierde todo.